Life is a rollercoaster, just gotta ride it
El viaje empieza expectante, como cuando te subes por primera vez a una atracción y se juntan nervios, curiosidad y ganas de experimentar algo nuevo. Experimentas la subida con la inocencia de quien no sabe lo que puede venir después. Tienes miedo, y por un momento te pasa por la cabeza la idea de bajarte. Pero qué carajo! Ya te has subido, y la lucha interna entre el temor a lo desconocido y la posibilidad de probar el resto de esa montaña rusa se resuelve a favor de la segunda. Además, no olvidemos que esto es casi como un parque o una feria de verdad: una vez comenzado el viaje, aunque quieras, ya no hay posibilidad de bajar.¿Qué es lo que pasa a continuación? Todas esas sensaciones producidas en el ascenso llegan a su clímax en el punto más alto. Estás arriba del todo. La adrenalina fluye en exceso, hasta el punto de pensar que no vas a poder contener tanta dentro de ti. Ya no hay marcha atrás, pero te da igual. Has cerrado los ojos intentando grabar en tu mente todo esta amalgama de emociones.
Pero abres los ojos. Y ves ante ti la cruda realidad del descenso. No existe la posibilidad de volver. Detrás quedan los instantes de gozo y entusiasmo, que van en retirada ante el avance imparable del suplicio y el tormento. Piensas que te vas a estrellar, que todo se acaba al final de esa vía y vuelves a cerrar los ojos, pero esta vez no para fijar nada, sino con el firme deseo de que cuando vuelvas a abrirlos todo se haya acabado.
Por lo visto tanto empeño da sus resultados porque compruebas, una vez vuelves a fijar la vista, que el trayecto sigue más allá. Que todavía existe trecho por recorrer. Y que las perspectivas futuras son las mismas por las que acabas de pasar. Porque eso es la vida/el amor (táchese lo que proceda): una montaña rusa donde las subidas y bajadas se alternan. Donde unas veces estás en lo más alto, creyéndote el rey del mundo, y otras te encuentras cayendo en picado, agobiado de pensar que no va a ver ningún ascenso después.
Pero como esto es una metáfora al fin y al cabo, y cada uno tiene su montaña rusa particular, de nosotros depende tanto el tiempo que le dediquemos a la subida, como el que invirtamos en la bajada.
Yo de momento creo que me voy al tiovivo, que es más tranquilito.

Prefiero tener esa sensación antes que sentir que no siento nada… además, el tiovivo me marea sin remedio xD
Me alegra leerte
Un beso¡
eso de subidas y bajadas lo entiendo en este momento muy bien…
jejeej
siempre ahi k mirar el lado positivo, una vez k has llegado abajo… ya sabes k el resto es hacia arriba…
y en cuanto a montañas rusas (me kedo con una de studios park disney)… una de rock… no ves nada… es mas no sabes lo k es… piensas k es una atraccion de musica… hasta k te subes en el carrito y es alucinante… a una velocidad vertiginosa a ritmo de musica rock…
_/_
) ” ( un muack
Que bajon de post…
A animarse! AR!
Jeje, no pretendía que fuera una visión pesimista ni nada.Sólo quería reflejar a modo de metáfora las subidas y bajadas que muchas veces se “sufren”.
De hecho, no creo que sea una visión desalentadora, porque de lo contrario, hubiera estrellado los vagones al final de la bajada xDD
por cierto…
aun estoy esperando los 5 candidatos…
k pasa k voy a ser la unica k los puso…
joooooooooo
Para poder disfrutar de la vida en su sentido más amplio, tenemos que pasar siempre por todos lo estados. No obstante, yo corro el riesgo de subir siempre a lo más alto… Si hay que caer, se cae.
Ya lo dijo A.S.: “No hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada”.
Besos, Jaime.